Tiempos difíciles: la sostenibilidad sigue siendo imprescindible

«No hay dos sin tres», dice el refrán. En estos momentos, el sector inmobiliario alemán también tiene la vista puesta en tres cuestiones, aunque no precisamente positivas, sino más bien desafiantes: el shock de los tipos de interés, la pérdida de relevancia y el activismo irreflexivo.

El efecto paralizante de los tipos de interés
Los tipos de interés, que se mantienen elevados, están paralizando especialmente a los promotores, pero también a numerosos tenedores de activos que se enfrentan a una refinanciación. Y es que una sostenibilidad insuficiente supone un obstáculo claro para lograr una refinanciación exitosa: las entidades financieras analizan con creciente rigor los riesgos de sostenibilidad asociados a un inmueble o a una cartera. También las desinversiones para obtener liquidez se ven cada vez más complicadas. Así lo refleja una encuesta reciente entre family offices: el sector inmobiliario es relevante para el 92 % de los encuestados. Al mismo tiempo, dos tercios confirman la importancia de los criterios ESG para la gestión de riesgos de sus activos (el 50 % le otorga una importancia alta y otro 14 % incluso muy alta).

¿Menos importante que el cambio demográfico?
Según el último barómetro de tendencias de EY Real Estate, el cambio demográfico es actualmente más relevante que los criterios ESG y la sostenibilidad. Que la demografía tenga un impacto enorme en el sector es comprensible y lógico: afecta, por un lado, a la situación del personal en las empresas y, por otro, a los productos —inmuebles adaptados a personas mayores y accesibles—. Sin embargo, que la sostenibilidad reciba menor peso en comparación debe interpretarse sin duda como una señal de alarma. Máxime cuando no se trata de algo puntual en el barómetro de 2024, sino que ocurre ya por segundo año consecutivo.

No son muchos, pero los hay
Aunque en realidad no haya dinero y otros temas se consideren más prioritarios, evidentemente hay que actuar, porque prescindir por completo de la sostenibilidad tampoco es una opción. Esto no pretende ser una crítica generalizada al sector: no son muchas las empresas y propietarios que caen de forma más o menos irreflexiva en el activismo. Pero existe ese perfil de propietario que, por ejemplo, prioriza la fotovoltaica como medida inmediata porque tiene un gran impacto en términos de marketing, cuando desde una perspectiva estratégica habría otras actuaciones mucho más razonables y eficientes con las que comenzar el compromiso con la sostenibilidad.

Una propuesta de salida
Si combinamos todo lo anterior, se vislumbra una posible vía de salida: asumamos las restricciones financieras y trabajemos con ellas, accionando inicialmente solo las palancas más coste-eficientes como medidas de sostenibilidad. Ya el simple cambio de los contratos de suministro eléctrico a fuentes renovables mejora enormemente la huella de CO₂. Los costes de transición suelen ser nulos (incluso cuando se recurre a proveedores de servicios externos). Tomemos de la mencionada pérdida de relevancia la aceptación de que la sostenibilidad, lógicamente, no es el único frente que debe atender una empresa inmobiliaria en su día a día. Para preservar los recursos propios, resulta recomendable externalizar total o parcialmente esta función en proveedores de servicios especializados. Y del activismo, quedémonos con la lección de que a las partes interesadas —entre las que se incluye la sociedad— hay que demostrarles que se está actuando. Pero, eso sí, con las acciones adecuadas.