Mercados financieros y protección del clima: entre la sobrerregulación y el exceso de libertad
Casi podría uno sonreír ante la expresión: «Acompañamos a nuestros clientes allí donde se encuentran». Sonreír, porque es una frase manida que probablemente provoque carcajadas en la mitad de los bingos de banalidades corporativas de todo el mundo. Pero solo casi, porque el trasfondo es serio. La expresión fue utilizada recientemente por un banco estadounidense (Wells Fargo) que está rebajando su compromiso climático: «Acompañamos a nuestros clientes allí donde se encuentran en sus estrategias energéticas y de transformación». Y no es el único: como es sabido, numerosos bancos estadounidenses ya se habían retirado con anterioridad de la Net Zero Banking Alliance (NZBA), renunciando así al compromiso de velar por que las consecuencias de su actividad crediticia sean climáticamente neutras a más tardar en 2050.
¿Protección del clima sin presión?
¿Qué implica esto para la protección del clima, desde un punto de vista objetivo? Prácticamente todos los bancos que se han retirado mantienen objetivos de descarbonización (por ejemplo, JP Morgan), por lo que se seguirá trabajando en la reducción de riesgos de las carteras y su alineación con la protección del clima. Eso sí, ya no se someten a los estrictos requisitos metodológicos de la NZBA. Por cierto, se rumorea que la propia NZBA está cuestionando su enfoque y podría flexibilizar sus normas. En abril se espera un pronunciamiento al respecto.
La UE no está necesariamente en desventaja
¿Y dónde se sitúa la UE, objetivamente hablando? Conviene saber lo siguiente: mercados financieros fuera de la UE como Londres, Suiza, Singapur, China y Sudáfrica aplican normas incluso más estrictas que las nuestras para las empresas cotizadas. En conjunto, no debería estar en juego la competitividad de los actores de los mercados financieros europeos. Tampoco aunque se produzcan nuevos endurecimientos: las nuevas directrices ESG de la Autoridad Bancaria Europea prevén, entre otras cosas, que todos los bancos deberán presentar a los supervisores, a partir de 2026/2027, los denominados planes de transición para la descarbonización de sus carteras. Asimismo, deberán exponer qué nivel de compromiso con las cuestiones ESG se aplica en el proceso de concesión de créditos (además de la protección del clima, esto incluye las consecuencias financieras del cambio climático y la biodiversidad).
La CSRD beneficia al mercado
En agradblue, junto con todo nuestro grupo empresarial —Westbridge Advisory, Magnolia Consulting y Quantrefy—, no somos partidarios de la burocracia ni de la sobrerregulación, pero tampoco de desmantelar en exceso normativas que son o serían beneficiosas para el mercado. Así, actualmente más de 200 actores del sector financiero, con un patrimonio gestionado de 6,6 billones de euros en total, critican que dar marcha atrás en materia de informes obligatorios de sostenibilidad (CSRD) es un camino equivocado. Porque estos informes contribuyen a una mejor gestión de los riesgos y, en última instancia, a una asignación más inteligente del capital. En agradblue apostamos por que las cosas funcionen. En este caso, eso significa que la interacción entre los mercados financieros y la protección del clima funcione. Porque lo uno no es posible sin lo otro. Europa ha tomado el camino correcto en los últimos casi diez años, con los objetivos climáticos siempre como referencia. Especialmente en el sector inmobiliario, muchos propietarios han adoptado medidas ESG importantes para orientar hacia la neutralidad climática sus parques de edificios, intensivos en emisiones de CO2. Además de la reducción de emisiones, cobrarán cada vez más protagonismo las medidas de adaptación, con el fin de hacer resilientes —y, por tanto, rentables— los modelos de negocio y la operación de los inmuebles, garantizando, por ejemplo, la asegurabilidad de los activos.
Conclusión y perspectivas
En términos generales, el mercado podrá encauzar muchas cosas, ya sea en Estados Unidos, en la UE, en Londres, en Suiza o en Singapur. La gestión de los riesgos climáticos y la protección activa del clima seguirán siendo relevantes, aunque solo sea porque, de lo contrario, a medio plazo cabe esperar un incremento de los costes financieros: los daños derivados de la intensificación del cambio climático superan con creces los costes de la adaptación. Existen innumerables estudios al respecto. Los proveedores de capital de todo tipo tienen, por tanto, un interés claro en orientar sus inversiones en esa dirección. No obstante, una regulación de apoyo resulta sin duda de gran utilidad, como el marco para cuantificar los riesgos correspondientes. Y que determinadas medidas de reducción pasen a ser también de obligado cumplimiento.